En la sierra alta del Osmore, en Moquegua, Asana fue un campamento a cielo abierto con muchas capas. Primero visitas de temporada. Después, hacia hace unos diez mil setecientos años segn las síntesis recientes, la ocupación de altura se vuelve permanente y bajan los materiales costeros en los conjuntos del valle.
Familias levantaron casas ovoides o cónicas marcadas por hoyos de poste. Fogones internos daban calor y luz contra el fro de la noche. La tela de las paredes no se conservó; raspadores, piedras de bruñir y punzones de hueso apuntan a un trabajo intenso de cueros: ropa y, probablemente, cubiertas de abrigo para el techo. Cazaban camélidos y taruca. Partían huesos quemados para sacar médula y grasa. Quedarse en la sierra alta significó techo y fogón, no solo puntas olvidadas en una cueva.
Ms tarde, en el Arcaico Medio, se publicaron estructuras domésticas de hace unos seis mil a casi siete mil años: entonces eran de las más tempranas conocidas a esa altura en los Andes sur-centrales. Esas edades no se mezclan con el umbral temprano de permanencia. Asana hace visible el quedarse” como casas y hogares concretos. La cordillera sur también se volvió patria con techo, humo y rutina diaria.
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