Entre el desierto costero y la puna fría hay un piso medio: unos dos mil quinientos a tres mil quinientos metros. En el Callejón de Huaylas, en terrazas del río Marcará, Quishqui Puncu quedó a unos tres mil cuarenta metros. Allí hay hachas, microcuchillas, raspadores y puntas. No hay fechas propias publicadas del sitio; la agricultura removió capas. Su época se lee por similitud de piedra con la Cueva del Guitarrero y por un preforma de punta de cola de pez reportada.
Thomas Lynch imaginó una trashumancia estacional: la gente subía y bajaba la escalera ecológica. Campamentos abiertos en terraza fluvial, cuevas secas para trabajar fibra y cuero, puestos de caza más altos para venado y presa chica. Las frecuencias de tipos de herramienta cambiaban según el lugar. El valle medio era puente entre laderas hacia la costa y pastizales más fríos.
Hacia Cajamarca el registro publicado de abrigos arcaicos es más delgado. No conviene inventar una red densa de sitios. Lo que sí se ve en Ancash es un hábitat real de altura media: caza, talla de piedra local, procesamiento de pieles y plantas, movimiento vertical. La ocupación andina segura por fibra del Guitarrero, hace unos doce mil años, ancla la región. Vivir en la sierra no era solo puna o solo playa. Había un piso intermedio donde el viento ya muerde y el ichu todavía no domina.
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